Atención con apagar la luz

Por Renato Andrade
Psicoanalista miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, la Nueva Escuela Lacaniana sección Lima y la Asociación de Psicoanálisis Lacaniano de Arequipa



Hay hombres, hay mujeres, que no pueden hacer el amor si no apagan la luz. Apagar la luz es un modo de sustraer la mirada que incomoda. 

También está esa frase: “que el último apague la luz”, que es un modo de decir que todos nos vamos, que hemos tirado la toalla, que hemos perdido la fe. Increencia, cinismo, al que llegamos por impotencia, precisamente por no haber reconocido que hay algo imposible con lo que tenemos que ver qué hacer. 

Y después, está la “luz” como metáfora de la verdad, que nos revela la pasión del ser-hablante por la ignorancia, pues no quiere saber (buscar en Google no es lo mismo que tener una pregunta). 

Ahora bien, hay que reconocer también que no se puede vivir todo el tiempo ni bajo una luz intensa ni en una luz así. Por algo se inventaron las cortinas y las persianas. Sin embargo, no por apagar la luz, lo que ocurrió, no ocurre. Lo que no se ve, existe. Hay una ceguera por estructura y hay una ceguera por elección. 

Entonces, ser-hablante, el único modo de darle forma a lo que no ves, pero cargas, es hablando: un trauma, un destino, un síntoma. Así que ven, te escucho.

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