Sobre Cliver Huamán Sánchez – “Pol Deportes”

Por Renato Andrade
Psicoanalista miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, la Nueva Escuela Lacaniana del Campo Freudiano sección Lima y la Asociación de Psicoanálisis Lacaniano de Arequipa







Antes, para conectarnos con el mundo, para saber qué pasa allí, qué acontece más allá de nuestra vida diaria, prendíamos el televisor. Hoy desbloqueamos el celular e ingresamos a lo que llamamos “redes sociales”.

Es así que en TikTok hemos podido conocer la historia de un muchacho andahuaylino de 15 años, Cliver Huamán.
Mi pregunta es la siguiente: ¿qué fascina en esta historia que la gente no pudo “scrollearla” tan fácilmente? Por el contrario, se viralizó. En tres días su cuenta de TikTok alcanzó más de medio millón de seguidores y superó los cuatro millones de “me gusta”. Se trata de un auténtico fenómeno de redes sociales que no tardó en llegar a la televisión y a los medios extranjeros, hoy ávidos de entrevistar al adolescente.

¿Por qué esta historia se hizo tan viral? Es extraño, no se trata ni de un crimen sórdido, ni de un escándalo sexual ni de un ridículo colosal.
Mi hipótesis es que esta historia articula algo del deseo. Sí, ese viejo concepto del psicoanálisis, tan importante, pero tan olvidado en nuestro mundo contemporáneo.

Sabemos que los muchachos y las muchachas quieren algo, quieren esto o aquello. Lo exigen, se frustran, lo arranchan como pueden. Otra cosa es desear. El deseo no tiene nombre. Es una insatisfacción a veces, y otras, un empuje insensato. No se sabe qué empuja ni se puede anticipar qué se obtendrá, por eso no hay ninguna garantía en él. El deseo está abierto a todos rodeos y a todos los desenlaces, que sólo podrán reconocerse con cierta sorpresa. Una semana se está en Andahuaylas y a la siguiente se puede aterrizar en Madrid. Es la explicación de por qué el deseo vuelve la vida tan emocionante.

“Es deseo es el deseo del Otro”, decía Lacan, frase abierta a varias intelecciones. En una de ellas, el deseo despierta el deseo; el deseo de uno despierta, suscita, el deseo de otro. Lo captamos, primero, tanto en el padre como en el hermano de Cliver, que lo acompañan hasta la punta del cerro –literalmente–, quienes, además, nos enseñan que se requiere de cierta ingenuidad para acompañar de la buena manera a aquél que desea. Sí, la ingenuidad necesaria para no afirmar que pretender narrar la final de la Copa Libertadores de América en el estadio sin acreditación y sin entrada es un despropósito. Luego, “el deseo es el deseo del Otro” se verifica en la viralización de la noticia. Cliver parece haber interpretado –como decimos en el psicoanálisis– a sus contemporáneos. Les ha recordado que en la vida el deseo, desear, cuenta. Que una vida sin deseo desemboca derechito en la mortificación. Y tú, ¿qué deseas?

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